Hace ya tiempo, antes incluso de
las fiestas del III Centenario, en 1991, que le doy vueltas al deseo de ver el programa de
fiestas patronales lleno de colaboraciones que nos permitan recordar acontecimientos o
conocer novedades relacionadas con el Pueblo.
Seguro que somos muchos los que
pensamos así. Sin embargo, no nos decidimos a escribir por las razones que sean.
En mi caso, no pretendo hacer un trabajo
erudito, sino, más bien, conocer mejor las cosas del pueblo y contarlas. Cuantas más
cosas conozco mejor me encuentro y, si se me permite, más "catinenc" me siento.
Se me ha ocurrido pues, escribir
algo sobre una de las cosas más identificadoras y queridas de Catí: nuestra
torre-campanario y sus campanas.
De los ocho vanos que posee solo
tres están ocupados actualmente con tres campanas. Los restantes están medio, o
enteramente, tapiados con ladrillos o con piedras.
Las dos campanas más grandes
dominan el Sur mientras que, enfrente, sola, queda la pequeña, mirando al Norte.
Por la noche, debido a la acertada
iluminación colocada desde las fiestas patronales de agosto de 1995, adquieren tal
vistosidad que se convierten en símbolo y signo de identificación del pueblo.
Hace ya bastantes años que las
campanas han reducido, por no decir que han perdido, muchas de sus funciones. Recordemos
los tres toques del Ave María al amanecer, mediodía y anochecer; los toques de queda, a
rebato o a molino, de concejo, de vísperas, de difuntos con sus variantes según fuera
varón o mujer el fallecido. Cada uno de ellos era distinto y tenían funciones
diferentes. Además de estos había la llamada de fieles y el volteo general o "campanes
al vol'.
A pesar de
ello, y de que se ha sustituido el ingenioso entramado manual de cuerdas por un menos
romántico sistema eléctrico de volteos y repiques, no se ha perdido ni un ápice de la
magia y encanto que rodea ese peculiar sonido metálico del bronce.
Muchos de los que leáis estas
líneas os acordaréis de como ayudabais, en las fiestas principales, a los volteos de
campanas. Poco antes de la hora, siendo niños, estábamos esperando subir al campanario
para ver las evoluciones de los más mayores. En cada golpe de los badajos se ensordecían
los oídos y purificaban nuestra alma. Se respiraba esa misteriosa mística armoniosa que
transmiten las campanas.
Volviendo al campanario nos
reencontramos con las tres campanas y su historia.
La campana pequeña se fundió en el año 1929. La realizó
la fundición de Constantino Linares Ortiz, proveedor de la Real Casa, Madrid. Carabanchel
Bajo. Podéis observarla desde ambas Plazas y desde muchos puntos de la mitad norte del
pueblo.
Campana pequeña o de Sant Josep (27-05-2006)
La campana mediana fue refundida
en 1911. También lleva la marca de Constantino Linares Ortiz de Madrid..
Estas dos campanas fueron traídas de otras parroquias catalanas
después de la guerra por Mossèn Francisco Sanjuán. Las primitivas fueron destruidas al igual que la que estaba situada
justo encima de la nave central de la iglesia. También las de lAvellà y la de la
ermita de Santa Ana.
Campana mediana o de Santa Bárbara (27-05-2006)
Las campanas de Catí también
tienen sus nombres. La pequeña es la San José. La mediana la Santa Bárbara y la mayor
que, aunque no lleva el nombre grabado, sabemos por la tradición que su nombre es María
Rosa. Muchos recuerdan estos versos, o parecidos según la versión, que lo confirman:
"María
Rosa em diuen,
cent robes
peso.
Qui no s'ho
crega
que me
sospeso"
Campana Mayor (27-05-2006)
Es de esta campana grosa,
o campana mayor, de la que quiero escribir más cosas.
Es la más antigua de todas. Lleva grabada una leyenda
alrededor que dice: ALABADO SEA EL SANTÍSIMO SACRAMENTO -LUIS MAÑES MEYZO- AÑO 1833. En
su exterior presenta grabados: Una cruz, por su parte posterior, y un cuadro con una
Virgen, en su parte anterior.
De un manuscrito que conserva
Vicente Izquierdo, (recuperado en Valencia); de los escritos publicados por Mosén Juan
Puig; de las charlas con Julián Puig y de la observación de esta campana mayor he podido
concluir lo que ahora cronológicamente os expongo:
Año 1827. Día 5 de septiembre.-
Se encarga refundir la campana mayor, de unas 70 a 80 arrobas, al campanero del Mas de las
Matas Luis Mañez.
Año 1833. Año de la función
y colocación.
Sábado 28 de septiembre.-
Se hace la fundición en el huerto llamado de Feliz (así consta en el manuscrito). Ese
huerto corresponde al "bancal", ahora patio de la casa de Julián el herrero.
(Sobre el año 1962, siendo cura párroco Mosén Salvador, se encontró, a más de 2
metros de profundidad, un hueco que, al deshacerlo, conservaba las huellas de la
fundición de la campana. Seguramente aún quedan restos de los moldes de la fundición
enterrados, según Julián). El bronce fundido va ocupando el lugar entre los moldes y
permanece cubierta el domingo 29, día de San Miguel, y el lunes 30 hasta las 6 de la
tarde.
Lunes 30 de septiembre.-
Se descubre y traslada hacia el portal de San Pedro (el que unía la Arrabal del Hospital
con la calle Mayor) girándola sobre una viga, hasta dejarla al pie del campanario.
Jueves 1 de octubre.- Tres marineros
de Vinaroz y demás gente, según el manuscrito, la subieron al campanario.
Viernes 2 de octubre.- A
las doce se coloca en su lugar y se toca en ella el Ave María. A las dos fue puesto el
trabajo y a las dos y media fue bendecida por todo el clero en la torre. Estuvo tocando
hasta el sábado y, con ese motivo, se toreó por todo el pueblo, y se mató ese sábado,
una vaca de Vallivana.
El peso de la campana es de 85
arrobas que equivalen a 1.086,3 kg. (Arroba= 36 libras ó 12,780 kg.). En la
estrofilla le
habrán añadido hasta el contrapeso ... para redondear y alcanzar las 100 arrobas.
Me gustaría que cuajara el
proyecto de descubrir los vanos que están tapiados y que se colocaran cristales en ellos
hasta que un futuro próximo pudiera completarse el número de campanas. También me
gustaría, espero y deseo que este último párrafo pueda dejar de ser un sueño.